viernes, 21 de junio de 2013

SUPONGAMOS





Digamos que estoy hablando de una empresa. Si, eso es, una empresa... convengamos en eso. Esta empresa es aquella con la que he soné toda la vida. Atractiva, rentable, bien administrada, madura, con proyección y relativamente pocas fallas. El sueño de todo hombre.

En la primera entrevista, yo siento mucha química. Hago chistes y creo encontrar infinidad de puntos comunes y acuerdos. Llegan ideas de proyectos  así como de ascensos en la escala jerárquica. La entrevistadora manifiesta redundantemente, su aprobación a mis conceptos y argumentos; es mas, acuerda posteriores charlas para coordinar diligencias.

Luego intento cuadrar posteriores citas; para ver si se puede concretar definitivamente la actividad laboral, y solo obtengo silencio. Y me sigo preguntando, por que? Al ser uno, quien mas requiere de trabajar, es obvio que sea uno quien deba presentar mayor iniciativa, pero parece que eso les asusta a las empresarias. Supongo la gente no esta acostumbrada a gente tan pro activa como yo… y persiste en mi cabeza la pregunta: Sobre si he hecho lo necesario? Muy poco? Mucho? Muy intenso? Desinteresado?


Definitivamente no entiendo el ambiente laboral de este país.